domingo, 12 de agosto de 2012

Capítulo 1


CAPÍTULO UNO

         Era sábado. Mi hermanita Candy era la primera (de los cuatro hermanos, porque mis padres estaban trabajando) en levantarse todas las mañanas, ¿y qué es lo que hacía la simpática? Ponía música de esa tal banda One Direction al máximo. Supongo que lo hacía para despertarnos a mí, a Alex y a Chris para que le hiciéramos el desayuno, pero descarté esa opción porque para eso estaba Rosa la mucama. No sabía cuál era la razón, pero por algún motivo, todas las santas mañanas me levantaba escuchando esa música.
- O apagas eso o voy y te lo tiro por la ventana al reproductor de música, ¿me oyes Candace?- se oía que Alex gritaba muy enfadada
- ¡No te tengo miedo Alexia! Siempre me dices lo mismo y al final terminas quedándote acostada en tu cama y nunca vienes aquí y haces lo que supuestamente dices que harás- le retrucó Candy
         Claro, los cuatro nos llevábamos muy bien, pero nunca dije que no hubiera peleas…
- ¡Me tienes cansada!- dijo Alex, y se escuchó un portazo. Supuse que Alexia había salido de su habitación y había ido hasta la de Candy…
- ¡AAAAAA!- se escuchó que gritó Candy, mientras se escuchaba como bajaba corriendo escaleras abajo
- ¡No escaparás! ¡¿Me oyes?!- gritaba Alex
         Sí, mis suposiciones eran verdaderas. Alex quería agarrar a Candy. Supuse que tendría que ir a ayudar a mi hermana pequeña, pero luego pensé que ella se las había buscado por despertarnos todas las mañanas. En fin, yo ya estaba despierta por lo tanto me senté en mi cama con los pelos revueltos y el maquillaje corrido porque la noche anterior había tenido una fiesta. Fui hasta el baño que estaba en mi habitación y me duché. Cuando salí, agarré de mi guardarropa la ropa que iba a ponerme: un pantalón blanco, rasgado y con algunos agujeros, una remera con el hombro caído violeta uva, una campera de cuero negra pero no gruesa, y unas zapatillas vans violetas uva con detalles en negro. Oí que mi celular sonaba, atendí, era Alana:
- Hola Al, ¿qué sucede?- le pregunté
- Cassie ¿quieres venir a almorzar a casa? Estoy sola con Mila. Papá, Sean y Noah fueron a ver un partido de soccer y no sé a qué hora regresan. Trae a Candy
- Nos encantaría. ¿A qué hora?
- Cuando estén listas, sólo vengan
- De acuerdo, adiós sexy hawaiana- dije riendo
- Adiós sexy amiguita
Corté la llamada, me cambié, me peiné y fui hasta la habitación de Chris.
         Toqué a la puerta y no obtuve respuesta. La abrí sigilosamente y allí estaba él, tirado en su cama, casi cayéndose, y con la saliva cayéndole de la boca. Lo miré y me reí. Luego miré hacia la izquierda y vi su colección de pelotas de rugby. Agarré una y le grité:
- Oye, Chris, ¡piensa rápido!- y le tiré la pelota en la cara
         Chris abrió los ojos cuando grité y se cubrió la cara con las manos antes de que esta le pegara.
- Qué graciosa hermanita… ¿A dónde vas?
Me reí. - A casa de Alana, ¿por qué lo dices?
- Estas vestida y son las once de la mañana solamente…
- Buen punto. Bueno, levántate que si no frenas a Alex y Candy se iniciará la tercera guerra mundial
         Antes de que Chris pudiera responderme salí de su habitación y cerré la puerta. Bajé las escaleras
- ¡Candyyy!- grité. Pero Candy no me contestó
         Salí al jardín y vi a Alex. Como supuse que estaría con ella me acerqué
- Oye Alex ¿dónde está Candy?
- No lo sé, la estoy buscando. Cuando bajamos salió corriendo hasta aquí y la perdí de vista, pero no debe estar muy lejos
         Oímos un relinchido detrás de nosotras y nos volteamos a ver qué sucedía. Cuando miramos, allí venía Candy con los pelos al viento, montando a su yegua color blanco a la que había llamado Snow. Me encantaba verla montar, tenía tanta facilidad para eso. Yo había querido aprender pero Snow había intentado patearme unas cinco veces, así que preferí no volver a intentarlo. Pero ver a Candy cabalgando era hermoso.
- ¡Aquí estoyyy!- dijo, mientras se detenía al lado de nosotras
- Ya te agarraré luego enana- le dijo Alex- me voy a desayunar- dijo, y se fue dentro de casa
- Candy, Alana y Mila nos invitaron a almorzar en su casa. ¿Vamos?
- ¡Siiii!- exclamó- Déjame que vaya a guardar a Snow, me cambie y vamos
- De acuerdo- le dije sonriendo
- Ven, sube hermana, demos una vuelta antes- dijo mientras me extendía una mano invitándome a subir. Yo dudé
- Humm… Bueno, pero no muy larga ¿de acuerdo?- dije, aceptando, mientras me subía y me sentaba detrás de ella
- Sí sí, lo prometo- dijo sonriéndome. Candy pateó en la costilla a Snow y esta arrancó. Cabalgamos unos minutos y luego fuimos hasta el establo, donde Candy la guardó. Después fuimos hasta nuestra casa, se bañó y la ayudé a vestirse.
- ¿Estás lista?- le grité desde el piso de abajo
- ¡Ya voy! ¡Déjame agarrar el DVD de One Direction por si Mila tiene ganas de verlos!
- Okay- le contesté. La verdad es que no entendía por qué las niñas estaban tan obsesionadas con esa banda… ¿Qué tenían de especial?...
         Mientras pensaba Candy bajó y me dijo
- Lista. ¿Vamos?
         Agarré las llaves del auto, nos subimos a mi escarabajo (mi auto, mis padres me lo habían comprado como regalo para mi cumpleaños pasado) y nos dirigimos hasta casa de los McQuay.


   Ella es Mila. Cuando llegamos nos abrió la puerta, nos saludó y nos invitó a pasar.
- Espero que no estén apuradas- dijo- a Alana se le quemó la comida…
- No importa, ya sabemos cómo es Alana…- dije riendo. Ahora que prestaba atención, se notaba olor a quemado y el ambiente tenía un poco de humo
- Oye Mila traje el DVD, si quiere podemos verlo- dijo Candy mostrándoselo
- ¡Oh genial!- dijo Mila agarrándolo- Vayamos a verlo a mi cuarto ahora
- ¡Vamos!
         Y ambas se fueron corriendo hasta que se escucho un portazo. Me quedé sola parada en la sala, pero como conocía esa casa casi tanto como la mía, fui hasta la cocina y allí encontré a Alana: tenía un rodete casi desarmado, una manopla en una mano, un delantal, y estaba sacudiendo con una revista el horno, del cual no paraba de salir humo
- Veo que ya estás lista para ir a Gourmet- le dije riendo mientras me recogía el pelo y me ponía un delantal
         Alana no me había visto, y cuando me escuchó se sobresaltó
- No te burles Cassandra. Quiero ver qué haces tú…- dijo riendo
- Déjamelo a mí- le guiñé el ojo irónicamente- Tú ocúpate de poner la mesa
         Alana buscó el mantel, platos, cubiertos y vasos y puso la mesa mientras yo tiraba la comida hecha carbón que ella había “cocinado”. Abrí la heladera y agarré unos filetes de pollo que había, les puse pan rallado, aceite y los metí al horno. Agarré algunas papas, las corté en bastones y las puse en aceite a freír.
- ¿Y?- me dijo mientras hacía un rápido movimiento antes de que un plato se le cayera- ¿Ya has decidido a dónde irás para tu cumpleaños?
- Aún no… Pero tengo pensado tres posibles lugares, Norteamérica, Sudamérica o España
- Oh España… ¿Recuerdas nuestras vacaciones en Marbella? Qué lindas fueron…- dijo
         Saqué los filetes del horno y las papas del aceite, les puse sal a ambos y las llevé a la mesa
- ¡A COMEEEER!- grité.- Sí, las recuerdo perfectamente, fueron hace dos años. Qué lindas épocas…
- Ahora que recuerdo, el otro día encontré algunas fotos de ese viaje en un cajón- fue hasta la sala y volvió con papeles en la mano, que resultaron ser fotografías. Me la extendió para que las tomara- Míralas
 



  

         Candy y Mila vinieron y se sentaron a la mesa. Terminé de ver las fotografías, se las di a Alana y les serví a las niñas
- Qué lindas vacaciones fueron…- le dije
- La verdad. Habría que repetirlas- dijo sentándose
- Sí, pero no en Marbella… Tengo ganas de ir a Los Ángeles, ¿qué dices?
- Me encantaría ir allí
         Comimos y seguimos hablando sobre el tema durante la comida. Apenas acabaron, nuestras hermanitas se levantaron apuradas y salieron corriendo nuevamente hasta el cuarto de Mila para seguir mirando el DVD. Me quedé un rato pensando… Y luego le dije a Alana:
- ¿Por qué crees que a nuestras hermanas les gusta tanto One no sé qué?
         Alana estaba lavando los platos, de espaldas a mí
- No lo sé, tal vez porque son lindos. Porque las letras no creo que sean para su edad, y son muy grandes para ellas
- Tal vez… Aún así, no recuerdo que a esa edad nosotras tuviéramos un fanatismo tan grande como el de ellas
- Ni yo, pero bueno ya sabes cómo han ido cambiando las generaciones con la civilización- dijo
- ¿Desde cuándo hablas con esas palabras?- le dije riéndome
- No lo sé, pero no arruines mi momento intelectual- dijo riendo
- Volviendo al tema del viaje… Faltan sólo cinco días para mi cumpleaños, y les tengo que decir a mis padres a dónde quiero ir. Así que a Los Ángeles será.
- Genial. Sólo tengo que convencer a mis padres pero de eso supongo que se encargarán tus papás, ¿no?
- Sí sí, déjaselos a ellos.
         Estuvimos un rato más hablando, luego fuimos a la sala, seguimos hablando hasta la tarde. Nuestras hermanas no dejaban de cantar y bailar con esa banda y luego recibí un llamado de mamá diciendo que volviéramos así que nos despedimos y volvimos a casa.

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