CAPÍTULO CUATRO
Papá y Paul estaban pasando nuestro equipaje por las cabinas de seguridad. Mamá y Serena nos daban todas las recomendaciones y precauciones habidas y por haber. Cuando nuestros padres volvieron nos dijeron que ya estaba todo listo y que en quince minutos salía el vuelo.
Entre abrazos y llanto, besos y palabras sentimentales, Alana y yo avanzamos hasta la escalerilla del avión. Desde allí saludamos a nuestras familias, que agitaban sus manos en gestos de saludo. Alana y yo nos miramos y rompimos a llorar, pero luego se nos pasó y entramos en el avión.
El avión era muy lindo y grande. Era todo blanco y sus asientos eran azules. En ellos, donde se apoyaba la cabeza, había un cartel que decía “Flying Start”. No sabíamos por qué era pero no le dimos importancia. Nos sentamos en uno de los últimos asientos. El avión estaba bastante lleno y había mucho lío. Yo me senté del lado de la ventanilla y Alana contra el pasillo. Apenas nos sentamos nos asomamos por la ventanilla y vimos a nuestras familias allí. Cuando nos vieron comenzaron a saludar, nosotras también a ellos, y les hicimos una seña con el pulgar hacia arriba para decirles que todo estaba bien.
- Señoras y señores- dijo una voz que me resultó muy familiar, pero no lograba darme cuenta de quién era- Estamos por comenzar el vuelo. Les pedimos por favor que abrochen sus cinturones. Cuando ya estemos en el cielo les daremos una sorpresa. Nos vemos en un rato
- ¿No te resulta familiar la voz?- le pregunté a Alana
- Sí un poco, pero no sé de quién puede ser
- Ni yo…
No nos preocupamos más por eso. Como nos habían dicho, abrochamos nuestros cinturones y saludamos una vez más a nuestros padres. El avión despegó y observamos como todos se hacían cada vez más y más pequeños.
- ¿Quieres?- dijo Alana tendiéndome una bolsa de Skittles
- ¿Cuándo no tú comiendo cosas dulces?- dije riendo- No, gracias
Alana siguió comiendo sus confites. Yo me puse a escuchar música con mi iPod mientras miraba las nubes por la ventanilla. Cuando me di cuenta, Alana estaba dormida. Como estaba muy aburrida también me dormí. Cuando me desperté habían pasado tres horas desde que habíamos despegado. Nos faltaban unas ocho horas más de viaje. Me agarraron ganas de ir al baño, pero como Alana seguía durmiendo me levanté y fui hasta él. O en realidad, a donde pensaba que estaba.
Como no sabía donde quedaba, se me ocurrió ir a la puerta blanca que estaba adelante de todo. Nadie me dijo nada por lo que entré...
Cuando entré me di cuenta de que ese no era el baño, sino la cabina del personal. Allí había un chico rubio de ojos claros, un hombre que parecía tener un traje de azafato y otro de cabello marrón que usaba una gorra como de piloto, tenía un lunar en el cuello. Sus rostros me eran muy familiares pero no lograba reconocerlos. Como mi urgencia por orinar continuaba intacta, les pregunté:
- ¿Saben dónde está el baño?
Papá y Paul estaban pasando nuestro equipaje por las cabinas de seguridad. Mamá y Serena nos daban todas las recomendaciones y precauciones habidas y por haber. Cuando nuestros padres volvieron nos dijeron que ya estaba todo listo y que en quince minutos salía el vuelo.
Entre abrazos y llanto, besos y palabras sentimentales, Alana y yo avanzamos hasta la escalerilla del avión. Desde allí saludamos a nuestras familias, que agitaban sus manos en gestos de saludo. Alana y yo nos miramos y rompimos a llorar, pero luego se nos pasó y entramos en el avión.
El avión era muy lindo y grande. Era todo blanco y sus asientos eran azules. En ellos, donde se apoyaba la cabeza, había un cartel que decía “Flying Start”. No sabíamos por qué era pero no le dimos importancia. Nos sentamos en uno de los últimos asientos. El avión estaba bastante lleno y había mucho lío. Yo me senté del lado de la ventanilla y Alana contra el pasillo. Apenas nos sentamos nos asomamos por la ventanilla y vimos a nuestras familias allí. Cuando nos vieron comenzaron a saludar, nosotras también a ellos, y les hicimos una seña con el pulgar hacia arriba para decirles que todo estaba bien.
- Señoras y señores- dijo una voz que me resultó muy familiar, pero no lograba darme cuenta de quién era- Estamos por comenzar el vuelo. Les pedimos por favor que abrochen sus cinturones. Cuando ya estemos en el cielo les daremos una sorpresa. Nos vemos en un rato
- ¿No te resulta familiar la voz?- le pregunté a Alana
- Sí un poco, pero no sé de quién puede ser
- Ni yo…
No nos preocupamos más por eso. Como nos habían dicho, abrochamos nuestros cinturones y saludamos una vez más a nuestros padres. El avión despegó y observamos como todos se hacían cada vez más y más pequeños.
- ¿Quieres?- dijo Alana tendiéndome una bolsa de Skittles
- ¿Cuándo no tú comiendo cosas dulces?- dije riendo- No, gracias
Alana siguió comiendo sus confites. Yo me puse a escuchar música con mi iPod mientras miraba las nubes por la ventanilla. Cuando me di cuenta, Alana estaba dormida. Como estaba muy aburrida también me dormí. Cuando me desperté habían pasado tres horas desde que habíamos despegado. Nos faltaban unas ocho horas más de viaje. Me agarraron ganas de ir al baño, pero como Alana seguía durmiendo me levanté y fui hasta él. O en realidad, a donde pensaba que estaba.
Como no sabía donde quedaba, se me ocurrió ir a la puerta blanca que estaba adelante de todo. Nadie me dijo nada por lo que entré...
Cuando entré me di cuenta de que ese no era el baño, sino la cabina del personal. Allí había un chico rubio de ojos claros, un hombre que parecía tener un traje de azafato y otro de cabello marrón que usaba una gorra como de piloto, tenía un lunar en el cuello. Sus rostros me eran muy familiares pero no lograba reconocerlos. Como mi urgencia por orinar continuaba intacta, les pregunté:
- ¿Saben dónde está el baño?
- Sí... Atrás de todo, la primera puerta a la derecha- dijo el rubio intercambiando miradas con el castaño
- ¡¡Gracias!!- dije
Ambos se miraron y se sonrieron sospechosamente. No les presté atención y salí de la cabina. Corrí hasta la puerta del baño y entré. Cuando terminé salí y volví a mi asiento. Cuando ya estaba sentada me quedé pensando en ellos... Sus rostros me eran DEMASIADO familiares. Como si ya los hubiera visto antes. No podía sacarme de la cabeza de que de algún lugar los conocía, hasta que me puse a ver las listas de reproducción de mi iPod. Allí estaba la lista que se llamaba Candy. Sin querer la apreté y como hacía con todas mis listas de reproducción, saltó una foto de los artistas que estaban en ella.
Allí los reconocí. Eran Niall y Liam, o algo así, al parecer, los de One Direction. Cuando me di cuenta de eso me quedé paralizada. Empecé a querer gritar, no porque me gustaran, si no porque estaba con cinco famosos en una avión y no me había dado cuenta. Cuando volví a la realidad le mandé un mensaje a Alex diciéndole que le avisara a Candy que estaba con ellos.
Candy está por largarse a llorar, ¡quiere ir ya a ese avión! Dice que te tomes fotografías con ellos y que le consigas un autógrafo- fue lo que me respondió
La verdad es que yo no tenía ganas de tomarme fotografías con ellos, no me interesaban. No iba a salir corriendo hasta la cabina a pedirles un autógrafo, ni loca. Me propuse a esperar. Si salían y se tomaban fotos con las “fans”, les pediría una, si no, no. Ahora entiendo por qué se miraban así, les parecía raro que no los reconociera. ¡Qué egocéntricos! ¿Se piensan que son los únicos del planeta? Por Dios...
Mientras yo sacaba mis conclusiones, Alana se despertó. Le conté el encuentro que había tenido con Niall y Lian. Digo, Liam.
- ¡Si nuestras hermanas estuvieran aquí se desmayarían!- dijo riendo
- Ya lo creo...
- Buenas tardes, pasajeros- dijo la voz que supuse que era de uno de ellos- Ya han pasado casi cuatro horas desde que salimos. ¿Quieren saber quién soy?- nadie respondió- ¡Yaaa, no insistan! Se los diré de todos modos. Mi nombre es Harry Styles. Formo parte de una banda llamada One Direction.
Ambos se miraron y se sonrieron sospechosamente. No les presté atención y salí de la cabina. Corrí hasta la puerta del baño y entré. Cuando terminé salí y volví a mi asiento. Cuando ya estaba sentada me quedé pensando en ellos... Sus rostros me eran DEMASIADO familiares. Como si ya los hubiera visto antes. No podía sacarme de la cabeza de que de algún lugar los conocía, hasta que me puse a ver las listas de reproducción de mi iPod. Allí estaba la lista que se llamaba Candy. Sin querer la apreté y como hacía con todas mis listas de reproducción, saltó una foto de los artistas que estaban en ella.
Allí los reconocí. Eran Niall y Liam, o algo así, al parecer, los de One Direction. Cuando me di cuenta de eso me quedé paralizada. Empecé a querer gritar, no porque me gustaran, si no porque estaba con cinco famosos en una avión y no me había dado cuenta. Cuando volví a la realidad le mandé un mensaje a Alex diciéndole que le avisara a Candy que estaba con ellos.
Candy está por largarse a llorar, ¡quiere ir ya a ese avión! Dice que te tomes fotografías con ellos y que le consigas un autógrafo- fue lo que me respondió
La verdad es que yo no tenía ganas de tomarme fotografías con ellos, no me interesaban. No iba a salir corriendo hasta la cabina a pedirles un autógrafo, ni loca. Me propuse a esperar. Si salían y se tomaban fotos con las “fans”, les pediría una, si no, no. Ahora entiendo por qué se miraban así, les parecía raro que no los reconociera. ¡Qué egocéntricos! ¿Se piensan que son los únicos del planeta? Por Dios...
Mientras yo sacaba mis conclusiones, Alana se despertó. Le conté el encuentro que había tenido con Niall y Lian. Digo, Liam.
- ¡Si nuestras hermanas estuvieran aquí se desmayarían!- dijo riendo
- Ya lo creo...
- Buenas tardes, pasajeros- dijo la voz que supuse que era de uno de ellos- Ya han pasado casi cuatro horas desde que salimos. ¿Quieren saber quién soy?- nadie respondió- ¡Yaaa, no insistan! Se los diré de todos modos. Mi nombre es Harry Styles. Formo parte de una banda llamada One Direction.
Cuando
Harry dijo esto, las niñas que estaban en el avión comenzaron a emocionarse,
sus caras de dormidas se transformaron en sonrisas de oreja a oreja.
- Y ahora yo y mis amigos, Liam, Niall, Zayn y Louis, les cantaremos una canción llamada What Makes You Beautiful. Espero que les guste.
En ese momento se empezó a escuchar una de las canciones que estaban en la lista de reproducción de Candy. Los cinco chicos salieron de la cabina con un micrófono en la mano mientras cantaban por todo el pasillo. Todos tenían una remera blanca que en su pecho decía “Flying sart” en rojo. Ahí me di cuenta que era sólo para ganar publicidad, como lo hacían muchas más bandas…
- Y ahora yo y mis amigos, Liam, Niall, Zayn y Louis, les cantaremos una canción llamada What Makes You Beautiful. Espero que les guste.
En ese momento se empezó a escuchar una de las canciones que estaban en la lista de reproducción de Candy. Los cinco chicos salieron de la cabina con un micrófono en la mano mientras cantaban por todo el pasillo. Todos tenían una remera blanca que en su pecho decía “Flying sart” en rojo. Ahí me di cuenta que era sólo para ganar publicidad, como lo hacían muchas más bandas…
Cuando
terminaron de cantar toda la gente (incluyendo a Alana) comenzó a aplaudirlos.
Yo la miré e hice una mueca como diciendo “¿Es en serio?”. Su música era linda,
sí, pero no me mataba. Sabía que estaba todo muy preparado y que los chicos
eran muy… Em… ¿Plásticos? Sí, eso, plásticos.
En
un momento, el rubio se acercó hasta nuestro asiento.
- ¿Podrías darme un poco?- me dijo,
señalando el paquete de Skittles de Alana.
- Son de ella- dije, como si no me
interesara lo que me preguntaba, que de hecho no lo hacía.
- Pero yo te pregunto a ti… ¿Me das
algunos?
Suspiré,
tomé el paquete y le volqué ocho Skittles en la palma extendida sobre mí.
- Ya, ¿contento?- dije sarcásticamente
- Muy, gracias- dijo sonriendo
Estaba
dispuesta a contestarle de mala forma, pero su sonrisa no me dejó. No es que me
agradara, para nada, pero había algo en él que no me dejaba tratarlo mal.
- De nada- dije, sin mirarlo a los ojos
y resistiéndome a sonreír
Niall,
creo que él era, se fue con sus compañeros y volvieron a meterse en la cabina.
Alana se había quedado dormida, otra vez. Dejé su paquete de Skittles en su
bolso y seguí durmiendo.
Cuando
me desperté caí en que había dormido durante seis horas. Faltaba una hora para
que aterrizáramos. Alana estaba en twitter desde su celular
- Ei, dormilona- dijo- Niall y Harry
pasaron miles de veces por aquí y miraban curiosamente. Yo me hice la que no
los vi
- ¿De veras?- dije frotándome los ojos
con los puños- ¿Qué querrán?
- No lo sé, pero lo que sí sé es que no
saben disimular nada- reímos
- Oye estoy hambrienta- dije- ¿Qué
dices si pedimos algo de comer?
- De acuerdo, yo también tengo hambre.
Ah, mira, ahí vienen a tomar las órdenes…
- Hola señoritas, ¿les gustaría algo
para comer?- dijo Liam
- Yo quiero un sándwich de atún y una
botella de agua- dije mientras notaba que Niall me miraba
- Muy bien, ¿tú?- dijo mientras anotaba
- Un sándwich de queso y jamón y un
jugo de naranja, gracias- dijo Alana
- De acuerdo. En un momento se los
traemos- dijo sonriendo
- Está bien
Ambos
se fueron y al rato volvió Niall con los sándwiches y las bebidas.
- Aquí tienes- le dijo a Alana
- Gracias
- Y aquí tienes- dijo mientras me
sonreía
No
le dije nada, sólo le sonreí con mala gana y Niall se fue.
- ¿Por qué eres tan duro con él? Creo
que trata de acercarse a ti…- dijo Alana dándole un mordisco a su sándwich
- Odio a los tipos así. ¿Te conocen un
día y ya pretenden tener una cita contigo? No, gracias.
Alana
levantó las cejas y siguió comiendo. Cuando terminamos nos pusimos a hablar y a
reír
-
Pasajeros, les informo que estamos aterrizando- dijo Harry- Gracias por viajar con Flying Start, que
disfruten su viaje. ¡Hasta la próxima!
Alana
y yo nos desabrochamos los cinturones, ya habíamos aterrizado. Bajamos del
avión y fuimos a recoger nuestras maletas. Eran más de las que pensaba…
Cuando
fuimos al aeropuerto de LA, había un hombre con uniforme de taxista sosteniendo
un cartel que decía: Hamilton – McQuay
- Él debe ser Michael, el taxista que
mencionó Cara- le dije a Alana. Ambas fuimos hasta él
- Hola, ¿tú eres Michael?- pregunté
- Sí, soy yo- dijo con un tono
simpático- Y ustedes deben ser Cassie y Alana. Un placer
- Igual
- Déjenme tomar sus maletas
Michael
agarró nuestro equipaje y lo llevó hasta el taxi. Subimos al auto y nos
dirigimos hasta el hotel.
- ¿Hotel Hilton, verdad?- preguntó
- Sí- dijimos ambas
- De acuerdo, aquí es. Las ayudaré a
bajar su equipaje, oh, casi lo olvido. Esta es la lista de precauciones de
Cara, ten- me dijo
La
agarré y Michael bajó nuestro equipaje. Nos saludó y se fue. Nos dejó en frente
al hotel. Era más lujoso de lo que pensaba, demasiado para mí gusto.
Ese es el hotel
Esa es la recepción. Allí hablamos con
la mujer que ven en la fotografía, se llama Kate. Nos condujo hasta nuestra
habitación y nos dio un pequeño recorrido por el hotel.
Esta es nuestra habitación. ¿Elegante o
qué?
Este es la parte de afuera del restaurant
Esta es la piscina
Cuando el
recorrido terminó nos instalamos en nuestra habitación. Era muy linda. Ni bien
terminé de desempacar me recosté en la cama a mirar televisión. Alana hizo lo
mismo.
- ¿Qué hora es?- me preguntó
- Las siete y media. Creo que es algo tarde para salir a
algún lado
- Tienes razón. Además estoy muy cansada, me iré a
dormir
- Yo igual- me puse el pijama y me metí en mi cama. Era
muuuy confortable y calentita. Cuando cerré los ojos me quedé absolutamente
dormida.







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